Llegaré con mi vestido negro, abriré la habitación y desde ese momento no podrás quitarme ojo.
Te echaré una copa, bien cargada pero no tanto como la mía. Me sentaré contigo sobre las sabanas y te seduciré hasta que ya no puedas ni escuchar lo que te digo. Entonces me tocarás, te abalanzarás sobre mi y yo me dejaré llevar. Acariciarás cada rincón, excitarás cada milesima de milimetro de mi piel y entonces sí, te haré todo lo que me pidas y lo que no también.